La primavera las emociones altera

Por Merche R. del Castillo, psicóloga clínica. Mindfulness e Inteligencia Emocional

El 21 de marzo tuvo lugar el equinoccio de primavera, en el que el día y la noche tienen la misma duración. Atrás empezamos a dejar los días fríos, grises y oscuros para dar la bienvenida a “la estación de la alegría”, como muchos la denominan.

La llegada de la primavera es una explosión de vida: los días se alargan y la luz se hace protagonista, la naturaleza despierta, renace, inunda todo de colores, aromas y texturas; es una gran estimulación para nuestros órganos sensoriales.

El aumento de la luz solar tanto en cantidad (los días son más largos) como en intensidad (recibimos los rayos del sol con una mayor inclinación), tiene efectos emocionales y psicológicos.

Se comienzan a activar procesos a nivel interno y aumenta la producción de melatonina y serotonina en nuestro organismo, dos hormonas de gran importancia a nivel emocional para la persona y, cuando esto sucede, nos sentimos más animados, se eleva el humor y la sensación de bienestar en nosotros. Al sentirnos más alegres estamos más activos y con una mayor vitalidad que en otras estaciones, tendemos a comenzar proyectos, socializar más, en parte porque el buen tiempo nos anima a salir más de casa, aumenta el deseo sexual y también la fertilidad en la mujer, ya que su aparato reproductor segrega más estrógeno.

Este aumento de la vitalidad a veces excesivo puede derivar en procesos ansiosos o de hiperactividad, algo puede observarse de manera especial en los estudiantes: sus cerebros se ven alterados por toda esta explosión primaveral y esto les afecta a nivel intelectual, se sienten con más ganas de salir, mucho más activos y a la vez agotados intelectualmente, lo cual afecta a su memoria y su concentración. En los más pequeños puede aumentar la irritabilidad y la impulsividad.

Todos los cambios estacionales y especialmente éste de pasar del invierno a la primavera, producen variaciones climáticas que afectan a nuestro cerebro, especialmente sensible a todos ellos; se alteran nuestros ritmos circadianos y los biorritmos, y cada uno acusamos estos cambios de maneras muy diferentes. Por eso hay personas a las que puede costarle más esta adaptación y es posible que pueda aparecer un humor más depresivo y triste, que suele ser pasajero y desaparecer en una o varias semanas, algo que conocemos como “depresión primaveral”. Hay varias teorías acerca de esto y ninguna del todo concluyente. Una de ellas señala que es debido a que la melatonina, además de estar relacionada con la regulación de ciclos circadianos como el de sueño-vigilia, también tiene directamente que ver con la estabilidad del ánimo, y esto se traduce en una mayor sensibilidad y sensación de vulnerabilidad y, por consiguiente, más cambios emocionales en la persona.

Las estadísticas hablan de que una de cada 10 personas sufre esta astenia o depresión primaveral y se da más en mujeres que en hombres. Los síntomas pueden ir desde el agotamiento físico y falta de energía hasta alteraciones del sueño y disminución del apetito. La mejor manera de contrarrestar esto es el realizar ejercicio físico, mejor al aire libre, llevar una alimentación sana y equilibrada, rica en frutas y verduras de la estación, cuidar la calidad del sueño y realizar algún tipo de ejercicio más meditativo como el yoga, o la práctica del mindfulness cada día, que nos permita parar, observar y tomar contacto con nuestro interior. Aunque sean 10 minutos al día, tu mente y tu cuerpo te lo van a agradecer, porque en definitiva, se trata de cuidarse a sí mismo.

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