La importancia de la actitud ante la dificultad

Por Mercedes R. del Castillo, psicóloga clínica. Mindfulness e Inteligencia Emocional

No podemos negar que la vida tiene a veces una cara menos alegre, que todos pasamos por situaciones difíciles y que la pobreza y las guerras coexisten con nosotros. Los problemas son parte de la vida y debemos asumirlos y aceptarlos con naturalidad; cuando hacemos esto, automáticamente pierden esa connotación negativa y pasamos a relacionarnos con ellos de una forma diferente, comenzamos a verlos como “situaciones” o “experiencias” en lugar de como problemas.

Una persona resiliente es aquella que no solamente se repone ante una dificultad y la supera, sino que, además, sale fortalecida de ella; es decir, es capaz de “aprender” de la experiencia y “crecer” personalmente.

Lo que marca la diferencia ante un problema es sin duda el modo en que lo percibo, porque este va a condicionar mi manera de afrontarlo. Si percibo una situación como amenazante y peligrosa, probablemente me quede paralizado y sin recursos para afrontarla; en cambio, si esa misma situación la percibo como una oportunidad para hacer algo diferente, es seguro que mi respuesta va a ser mucho más adaptativa.

Al final la actitud solamente depende de una “elección”. Siempre podemos elegir el modo en que queremos vivir, podemos elegir la actitud que queremos tener ante un problema, o ante un conflicto con otra persona, o una enfermedad.

Las personas con una actitud abierta y positiva ante la vida reúnen entre otras, estas capacidades:

  • La capacidad de darse cuenta de que “todo, absolutamente todo pasa”, nada es permanente, ni si quiera los problemas, todo pasará. Cuando traemos este pensamiento a la mente, esta progresivamente se siente aliviada.
  • La capacidad de observar en lugar de analizar. Se abren a ver el problema de una forma objetiva, sin entrar en juicios, ni críticas, que lo que hacen es bloquear nuestra mente.
  • La capacidad de no seguir alimentando el problema, es decir, son capaces de salir del bucle en el que entra la mente de dar vueltas y vueltas a lo mismo sin llegar a ninguna solución. Deciden cambiar su atención hacia otro lugar que los aporte energía, en vez de robársela.
  • La capacidad de seguir caminando, de no pararse. Cuando la vida los tira, se levantan y siguen caminando, aceptando de forma natural estas caídas como parte del camino, o es que acaso ¿cuándo aprendiste a caminar no te caíste 100 veces y 101 te levantaste?
  • La capacidad de ser compasivos y amables consigo mismo. No se culpan ni se juzgan ante el error, sino todo lo contrario. Esta cualidad es quizá la más importante de todas.
  • Están enfocados en la gratitud, en lugar de la queja. Agradecer es la mejor medicina para la felicidad, una persona agradecida se siente dichosa y afortunada.

Con todo esto, te invito a cultivar la actitud que quieres tener ante la vida, a comenzar a tratarte a ti mismo/a con más cariño y amabilidad, a salir de la autoexigencia y a traer más gratitud a tu vida. Puedes empezar por agradecer algo cada día, por pequeño que sea, de esta forma comenzarás a cambiar tu actitud y empezaras a ver más oportunidades que problemas.

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