Consejos para llevar mejor el cambio de horario

Por Karen Merino González, mundonatural

El horario de verano comenzará en la madrugada del sábado al domingo cuando habrá que adelantar una hora las manecillas del reloj, con lo que se perderá una hora de sueño, pero se ganará luz solar. Solo son 60 minutos de menos este domingo y, sin embargo, no solo serán las manecillas del reloj las que se moverán. Con este cambio horario, muchas personas experimentan también ligeros trastornos en el sueño, el estado de ánimo y los hábitos alimenticios, que se irán ajustando no obstante en pocos días.

Estas alteraciones son más habituales entre los ancianos y los niños; así como en personas que sufren de trastornos neurológicos como migraña, epilepsia, depresión o estados de ansiedad, ya que son más susceptibles de alteraciones en el estado de ánimo. Con la llegada de la primavera incrementan las consultas médicas por ansiedad, y es que, al igual que el otoño es más propicio a la depresión, en primavera parece que la ansiedad es mayor. Esto se debe a que hay más luminosidad, lo que repercute en la producción de melatonina y cortisol afectando al estado de ánimo. Otros síntomas del proceso de adaptación son un bajo rendimiento intelectual y físico, ya que al no descansar bien tenemos más dificultad a la hora de centrarnos en nuestro trabajo o estudios, y nos cuesta mucho esfuerzo hacer las cosas cotidianas, incluso no tenemos ganas de hacer deporte.

Nuestro organismo tiene un regulador horario que está en el centro del cerebro, y que se regula mediante la luz solar y los estímulos del entorno; regulando un ciclo diario denominado ritmo circadiano, que afecta a los niveles de las hormonas y actividades celulares por lo que, cuando cambia el ritmo de la luz de fuera o el ritmo de las tareas, puede desorientarse.

Durante el sueño nuestro cuerpo drena las toxinas que se acumulan durante la vigilia. Una persona que duerme bien es más sana en todos los aspectos, más alegre, más productiva, más empática, más creativa y, además, tiene muchos menos accidentes que una que ha descansado mal.

Para evitar o mitigar en la medida de lo posible estos efectos, se recomienda un periodo de adaptación. Lo que se proponen son pautas de conductas para esas personas más vulnerables y también para la población en general, porque lo sufren aunque no lo noten.

CONSEJOS ÚTILES:

  • NO INTRODUCIR NUEVOS HÁBITOS. El mejor modo de afrontar el cambio es de manera progresiva y natural, armonizando nuestra actividad con los tiempos de luz solar.
  • IRSE ANTES A LA CAMA tres o cuatro días antes del cambio de hora. No dormir siesta durante esos días si se está somnoliento. Dejar las horas de sueño para la noche, es la mejor forma de recuperar el ritmo circadiano. Si es muy intenso el sueño, que la siesta no supere la media hora.
  • ADELANTAR LA HORA DE LEVANTARSE en 15 minutos tres días antes.
  • EVITAR CONSUMIR ESTIMULANTES FARMACOLÓGICOS e hidratarse muy bien.
  • EVITAR EL CONSUMO DE ALCOHOL.
  • PRACTICAR EJERCICIO FÍSICO MODERADO, ya que mejora los ritmos del cerebro y ayuda con los trastornos del sueño.
  • ACOSTARSE CON EL ESTÓMAGO “SATISFECHO”, sin estar hambrientos pero tampoco llenos porque por la noche los alimentos ligeros son mejores para conciliar el sueño; se recomienda ingerir alimentos unas 2 horas antes de irse a la cama. En el caso de los niños, sugiere por ejemplo modificar el horario de las comidas de forma paulatina 15 o 20 minutos cada día, hasta adecuarse al horario.
  • NO UTILIZAR MÓVIL, ORDENADOR O TABLET antes de acostarse porque tienen demasiada luz y alteran las pautas del sueño.
  • DUCHARSE CON AGUA TIBIA una hora antes de irse a la cama.
  • RESERVAR LA HABITACIÓN solo para el sueño.

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