Problema frente a solución: ¿dónde pones tú el foco?

Por Mercedes R. del Castillo, psicóloga clínica. www.mrcpsicologia.com

Cuando afrontamos un problema o una situación difícil, nuestro cerebro está diseñado para enfocarse en el problema, para darle vueltas a fin de buscar una solución. El problema es que muchas veces no hay una solución a ciertos problemas, al menos, no a corto plazo, o que esta solución pase por realizar cambios que no nos vemos capaces de afrontar.

La cuestión es que la misión de nuestro cerebro es la de “mantenernos a salvo”, libres de peligros, y la mente interpreta esos problemas como peligros contra los que ha de actuar. Cuando entramos en el MIEDO ante ese peligro amenazante, cuerpo y mente se bloquean incapaces, el primero de actuar y, la segunda, de encontrar una salida triunfante. Ante este bloqueo, la mente entra como en una especie de espiral que le limita a ver nada más que el problema y además desde una sola y pobre perspectiva. De esta forma es muy difícil poder llegar a una solución satisfactoria: la mente se agota de dar vueltas en esta espiral sin sentido, y así entra en modo “rumiación”.

El cuerpo, como es muy sensitivo y obediente, sigue a la mente en esta espiral agotadora y de esta forma acabamos encontrándonos físicamente agotados, comenzando a desarrollar los primeros síntomas del estrés: insomnio, malas digestiones, dolores de cabeza, y un largo etcétera.

En estos casos, la toma de conciencia es el primer paso, hacerse las preguntas: ¿Cómo estoy? ¿Qué me está pasando? Es muy importante tener un alto grado de honestidad con uno mismo y admitir la situación de la forma más objetiva y crítica posible, y con esto llegaríamos al segundo paso, que no es otro que la aceptación de que algo va mal en mi vida, de que no estoy haciendo lo correcto y de que algo tengo que cambiar. En este punto comienza el verdadero camino del cambio, cuando realmente decides empezar a hacer algo diferente, enfocar hacia la solución en lugar del problema.

Como he dicho antes, muchas veces no existe una solución fácil o rápida. Muchas veces lo mejor que podemos hacer es “no hacer nada” con ese problema; recuerda que no es el problema el que te hace sufrir sino como te relacionas con él, entonces tal vez puedes elegir enfocar hacia otro lugar, quizá hacia las cosas que Sí van bien en tu vida; enfocarte también en cuidarte, en buscar momentos de tranquilidad, de escuchar tu música favorita, de pasear, de pintar o escribir, de cocinar, de bailar, en definitiva, de realizar las cosas que te gustan y te relajan. De esta forma puedes comenzar a reequilibrar tu sistema, puedes hacer que tu mente salga de ese bucle de rumiación en el que está. No digo que sea fácil, digo que es del todo posible.

¿Sabías que algo tan sencillo como pasear tiene efectos relajantes y positivos en el cerebro? Así que, a partir de hoy tú eliges, ¿Hacia dónde vas a poner el foco de atención? Porque debes saber que allí donde pones tu atención diriges tu energía.

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